Temporada 2017, un año para recordar

Se termina diciembre, recién entrados en el invierno, más resta ya poco para el inicio de una nueva temporada. Y es que en el deporte, como en la vida, la globalización manda. Por ello, mediado enero, parte del pelotón volará hacia al calor australiano; a las antípodas del Viejo Continente, aquél que fue cuna del ciclismo, y por tantos años, su único hogar. Y allá lejos, tan lejos que incluso es verano, las bicis echarán a rodar… y se desdibujarán en nuestra memoria, tal vez, los momentos vividos en la campaña que dejamos atrás.

Intenso. Así ha sido 2017, un año que ha dado mucho que hablar. En este curso, Greg van Avermaet ha acabado como alumno más destacado de la clase, número 1 en el siempre controvertido -y generalmente poco disputado- ranking mundial. El belga, campeón olímpico, corre ya sin complejos. Dominó los adoquines y la primavera. Ha aprendido a ganar. No queda muy atrás el tiempo en que a Peter Sagan le preguntaban, jocosamente, por sus numerosos segundos puestos. Hoy puede presumir de haber ganado lo imposible, tres mundiales consecutivos, un récord tan único como él.

Mas no ha sido el eslovaco, sino Chris Froome, el gran protagonista de un año agridulce para ambos. En el mes de julio el británico conquistaba, sin demasiados alardes, su cuarto Tour. Dos meses después, vestido de rojo, sonreía pletórico en el pódium de Madrid. La Vuelta, la grande en que hace 6 años se dio a conocer, la que entonces se le escapó por 13 exiguos segundos, quedaba escrita al fin en su palmarés. Pero aquel 10 de septiembre de sonrisas y celebraciones no se conocía aún la tormenta que estaba por llegar. Un expediente inconcluso, 2.000 nanogramos de salbutamol que pueden significarlo todo, o, tal vez, no significar nada.

La otra Gran Vuelta recayó en Tom Dumoulin. Llegada la corsa rosa, no hubo rival ni imprevisto, por inimaginable que éste fuera, que pudiera frenar la ascensión del holandés a lo más alto del cajón de Milán. Su fuerza, calidad y su capacidad de contemporizar, demostraron que sus escarceos con la Vuelta que le arrebató Aru no fueron fruto de la casualidad. Y es que Dumo, el hombre del Sunweb al que muchos comparan con Indurain, es un ciclista completo y un croner total. Tanto es así, que en Bergen conquistó, al igual que hiciera días antes su escuadra, un valioso oro mundial en tal especialidad.

Hace tres años, poco después de que Dumoulin consiguiera en Ponferrada su primera presea mundialista, un polaco de impronunciable apellido lograba de forma inesperada el preciado maillot arcoíris. Hoy en día, a nadie le resulta ya ajeno el nombre de Michal Kwiatkowski. Un ciclista de intermitente regularidad, tan capaz de pulverizar al pelotón cuando asume labores de gregario como de brillar en carreras de un día, gracias a su arrojo y a una buena punta de velocidad.

Y es que no sólo de vueltas por etapas vive este deporte. Bien lo saben en QuickStep Floors, equipo antagonista a la disputa de generales, pero que allá donde va arrasa, y que con corredores como Gaviria y Kittel ha dominado a su antojo las volatas. Bonitas son las imágenes que nos han dejado en este curso los cinco Monumentos. Pasados nueve meses, aún recordamos con nitidez el golpe de pedal que le dio la victoria a “Kwiato” en la Vía Roma de San Remo, relegando al segundo cajón a un brillante Sagan que lo hizo todo por ganar.

Poco después, Philippe Gilbert, renacido desde su fichaje por la escuadra de Patrick Lefevere, se exhibía en las pedregosas carreteras del Tour de Flandes. Segundo quedaba Van Avermaet, que una semana más tarde se imponía con un temprano sprint en el velódromo de Roubaix. Y en aquel óvalo, famoso icono del ciclismo, se despedía de la bici otro belga. Otro icono, un ídolo. Una leyenda. Tom Boonen.

Llegado el turno de las Árdenas, Alejandro Valverde se mostraba nuevamente incontestable en la provincia de Lieja. Crónica de una victoria anunciada, que el murciano, emocionado, dedicaba al fallecido Scarponi con los ojos llorosos y la voz quebrada. Parece ya lejano octubre, cuando, a las puertas del final de temporada, Vincenzo Nibali triunfaba en el último de los Monumentos. El Tiburón reconquistó Il Lombardia sometiendo a todos sus rivales en un buen año en que conseguía también pisar el pódium en Giro y Vuelta a España.

Una ronda -la española-, que brindó el perfecto escenario para la despedida de Alberto Contador. El madrileño, que se retira del ciclismo como el mejor vueltómano de la última década; será recordado, más que por su palmarés- por su actitud, sus ataques, por lo disfrutado con sus gestas. El ciclismo español, entretanto, busca relevo. Landa, Mas, Cortina, Soler, Rosón, De la Cruz… Sucesores, herederos. Y es que hace tiempo que Freire o Sastre se fueron. Un año ha transcurrido desde que Purito colgara su bicicleta. Y escasos meses desde que Contador se retirase, poco después de que Samu Sánchez quedase en el olvido tras dar positivo en un control antidopaje.

Ya sólo permanece Valverde de aquella generación de oro que hizo reinar a España en todos los feudos. Y a sus 37 años el murciano siguió cumpliendo, mostrándose intratable en un inicio de año sencillamente perfecto. El Bala volvió a ser El Imbatido… hasta que el asfalto mojado y resbaladizo de una curva de Dusseldorf truncase en la primera jornada del Tour el resto de su temporada. A partir de entonces, defraudó Movistar y defraudó Quintana, que en el próximo año compartirá equipo -¿y galones?- con Mikel Landa. El alavés nos hizo disfrutar en el Giro, y corrió un gran Tour supeditado a Chris Froome, quedándose a un solo segundo de acompañar a su líder en el pódium de París.

La incorporación de Mikel no es la única novedad importante para la escuadra teléfonica, que en 2018 contará por primera vez con un equipo femenino profesional. Entretanto, la Fundación Euskadi (precisamente bajo las riendas de Landa), será equipo Continental el próximo año, mientras que el Burgos-BH y el Euskadi Basque Country-Murias Taldea se sumarán al Caja Rural en la categoría profesional continental. Brotes de esperanza para el ciclismo local, que aún está lejos, muy lejos, de regresar a los estándares de décadas atrás.

Pese a todo lo acaecido en la competición, no podemos cerrar este repaso sin recordar todas las vidas de ciclistas sesgadas sobre la carretera, en un año en que la incansable lucha de Anna González por una ley justa dio al fin sus frutos. Noticias ilusionantes para cerrar una temporada repleta de carreras y emociones; de retiradas, escándalos, éxitos y derrotas; pero también, y sobre todo, de muchos grandes momentos que hemos podido disfrutar, que fueron hace poco el presente, y son ya páginas de un nuevo capítulo en la historia del ciclismo mundial.

Imagen destacada:  Kramon

Sprint Final. Virginia Barriuso (@Vicki_BT).

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