Sagan ganó el Mundial corriendo los últimos 5 kilómetros

El pasado domingo vivíamos un hecho histórico que pasará a la historia. Un eslovaco llamado Peter Sagan lograba alzarse como campeón mundial, logrando esto por tercera vez consecutiva. Si ya es difícil ganar el Mundial una vez, hacerlo dos está al alcance de muy pocos y ya tres es para gente superdotada en este deporte. Imagínense hacer tres y de forma consecutiva con el handicap de tener un equipo muy débil que más adelante analizaremos.

Comenzamos por el principio: Peter Sagan llegaba al domingo tras vivir dos días malos a principio de semana. El eslovaco sufría un resfriado que le alejaba de su buen estado de forma. A pesar de ello, lograba recuperarse para estar listo para la batalla que se desataría en Bergen. El tricampeón del mundo estaría escoltado por cinco ciclistas de baja entidad: Patrik Tybor, Marek Canecky, Erik Baska, Michael Kolar y Juraj Sagan.

Pese a que tanto Baska como Kolar están en el equipo de Peter Sagan, el único capaz de acabar la carrera fue su hermano, cruzando la meta a 2’32” y en el puesto 45º-. Se puede calificar a este equipo como muy mejorable cuando tienes en tus filas al mejor ciclista del mundo para este tipo de carreras. Tan bajo nivel se le presuponía a esta formación que la gente clasifica la victoria de Sagan como aún más meritoria por hacerlo sin equipo.

Sagan se cocinó y se comió el Mundial. Un Sagan que tenía claras sus directrices: aguantar a rueda, pasar desapercibido y dejando hacer al resto de las selecciones hasta que llegaran a la última vuelta. No es tan fácil conseguir esto: mucha sangre fría hay que tener, la misma que no tuvo Fernando Gaviria en la última vuelta al hacer saltar por los aires su energía restante con un ataque muestra de su inexperiencia.

El mejor paso por meta de Peter Sagan durante las primeras 11 vueltas fue un 77º puesto. El eslovaco pasó desapercibido, incluso para las cámaras y el público, que intentaba buscarle a lo largo de la fila multicolor, un ejercicio bastante complicado. Escondido como si de un león se tratase esperando el momento idóneo para saltar a por la presa.

Un momento que tenía calculado y llegaría en la última vuelta. Sagan lo tenía claro, en la última vuelta había que estar atentos en la ascensión al Salmon Hill, aunque sin mostrarse mucho. Tal fue así, que creyó incluso haber perdido todas sus opciones de revalidar el mundial. Alaphilippe marchaba como un tiro hacia meta y en el grupo nadie trabajaba.

Mantuvo una vez más la sangre fría y fue Fernando Gaviria el que atacó. A esto sí que había que reaccionar y fue el propio Sagan el que cerraba el hueco y entraban al último kilómetro reagrupados gracias a diversos contraataques que surgieron tras cazar al colombiano.El último kilómetro de Sagan son de los que hay que guardar en videoteca y enseñárselo a todos los juniors para que aprendan a cómo preparar un  sprint con mucho curveo.

En la penúltima curva del circuito, Sagan lograba ascender de la 10º posición a la 3º en un abrir y cerrar de ojos. Ahí lograba ganar el mundial. Ese fue el movimiento que tenía más que estudiado desde que llegó a Noruega el lunes pasado. Lo tenía claro: hay que entrar en cabeza del pelotón si se quiere ganar el mundial, y así lo hizo.

Así ganaba Peter Sagan un tercer Mundial en el que estuvo a verlas venir. Un Mundial donde no tuvo el peso de la carrera o la responsabilidad de cerrar huecos. El eslovaco consiguió que se corriera como si él no estuviera. Una vez más, Sagan demostraba al mundo entero que para ganar no sólo hace falta piernas, sino también la cabeza.


Imagen destacada: Tim De Waele

Sprint Final. Diego Vos (@diegovos_)

Diego Vos Trespalacios

@diegovos_ en twitter. Apasionado de este deporte, el ciclismo. Con grandes ilusiones y un camino por recorrer. Luchando por hacer grande este proyecto tan bonito.

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