Innsbruck-Tirol 2018, el día que España supo correr como un verdadero equipo

Este miércoles se cumplen 14 años del que hasta hace unos días era el último triunfo de la selección española en unos Mundiales de ciclismo. Por aquel entonces, vestirse de arcoíris se había convertido en tradición entre los ciclistas patrios, que acumulaban varios éxitos en las distintas disciplinas y categorías desde la década anterior. Sin embargo, desde que Óscar Freire alzara los brazos en Verona, la oscuridad se había hecho dueña de España en los Mundiales.

No solo se trataba de carreras en las que la mala suerte se cebaba con los españoles. No se trataba de obtener malos resultados, pues la estrella que el pasado domingo iluminó a la selección ha seguido recolectando medallas. El pensamiento de que, con el paso de los años, el oro estaba más lejos parecía acobardar a una de las selecciones más preparadas en la mayoría de los terrenos. Y, como no, todo eso se plasmaba en un desastre táctico que privaba a los nuestros de las medallas.

Hasta el pasado domingo. 30 de septiembre de 2018. Los días anteriores no auguraban una gran carrera. Un error de la compañía que debía hacerles viajar desde Sierra Nevada hasta Innsbruck dejó a la mayoría de los integrantes del combinado nacional (todos excepto Castroviejo) ‘tirados’ en el Aeropuerto de Madrid-Barajas. Sin embargo, la concentración realizada en tierras granadinas parecía haber creado un buen ambiente, como también se podía apreciar durante los primeros compases de la carrera.

A partir del banderazo de salida, todo el mundo supo cual era su función. Algo desapercibido en la parte final, Jesús Herrada no dejó las primeras plazas del pelotón durante la primera parte del recorrido montañoso de la carrera. Sobre el papel, no debía haber ataques importantes, pero él estaba ahí por si era necesario su entrada en un corte importante. Con el conquense más rezagado, fueron Ion Izagirre y Omar Fraile quienes defendieron a su líder, actuando de ‘secantes’ en múltiples ataques durante los dos últimos giros.

El santurtziarra, incluso, llegó a filtrarse en una pequeña fuga. Misma labor que realizó, en menor medida, otro gran escalador como David de la Cruz. Estaba claro hacía donde había que remar y la embarcación que defendía los colores de la selección española no cambió el rumbo en ningún momento. Una vez más, Mikel Nieve y Jonathan Castroviejo no dejaron indiferente a nadie, siendo los principales escuderos de Alejandro Valverde, los que el murciano siempre tenía a su lado o tirando del grupo.

Y así se llegó a los pies del muro final. Un pelotón relativamente amplío se debía jugar la carrera, mientras el danés Michael Valgren rodaba con cierta ventaja en cabeza de carrera. Nadie, absolutamente nadie, se puso nervioso dentro del combinado nacional. Fue el momento de dejar el trabajo a Francia, que contaba con el principal favorito en las apuestas. Un trabajo que no fue más que un suicido colectivo de los galos, que terminó con Alejandro Valverde imponiéndose por delante de una de sus puntas de lanza, Romain Bardet.


Imagen destacada: RFEC

Sprint Final. Eriz Fraile (@ErizFraile)

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