Gilbert peleará por añadir a su palmarés los Monumentos que le faltan

Después de cinco temporadas corriendo para BMC, Philippe Gilbert afronta su estreno en QuickStep Floors con ambiciones renovadas. Con la esperanza de poder alzar los brazos en una gran clásica, con la ilusión de volver a dominar las competiciones que un día fueron su particular coto de caza. Por eso el belga sueña en grande, y suspira por una victoria en Milán-Sanremo o en el Tour de Flandes.

Lieja, en el año de su triplete en las Árdenas, y Lombardía (por partida doble), son terrenos ya conquistados por Gilbert, que ahora aspira a conquistar dos de los monumentos que aún no forman parte de su impresionante palmarés:

Mi sueño es conseguirlos todos. He ganado algunos pero todavía necesito vencer en Sanremo y Flandes. Conquistar uno de ellos sería estupendo, más emotivo que ganar una segunda Lieja o una cuarta Amstel.

Así se confesaba el belga en una entrevista concedida recientemente a Cyclingnews. Y es que, desde que en 2014 consiguiera su tercera Amstel Gold Race, las lesiones y la mala fortuna han lastrado la trayectoria de uno de los clasicómanos más destacados de los últimos tiempos.

Seguramente haya tenido mala suerte en el pasado, pero es como siempre he dicho: cuando estás bien, nunca te quedas y nunca estás enfermo. Cuando lo estás un poco menos, entonces sucede algo, y cuando te caes o enfermas siempre hay una razón. Así que este año espero estar bien y poder luchar por la victoria.

Dos etapas en el Giro de Italia de 2015 y su segundo campeonato nacional en ruta, son las piezas más relevantes del botín conseguido por Gilbert en sus dos últimas temporadas como profesional. Cosecha que se antoja exigua para un ciclista de su talla, que en 2011 se alzó como ganador del UCI World Tour en un año memorable.

Aparte del tríptico Amstel-Flecha-Lieja, el valón conseguía hace seis años el triunfo en la Clásica San Sebastián, la Flecha Brabanzona, la Strade Bianche, sendos campeonatos nacionales en ruta y contrarreloj, la Vuelta a Bélgica, así como etapas en la Vuelta al Algarve, Tirreno-Adriático y Tour de Francia, entre otros éxitos.

Sus dos Il Lombardía, sus tres Amstel, un total de nueve etapas en grandes vueltas, y el título mundial conseguido en Valkenburg en 2012 redondean un gran palmarés que el belga aspira a seguir aumentando, enfundado ahora en los colores del Quick-Step Floors, con quienes ha firmado por un año.

Hasta ahora el cambio de equipo ha sido bueno. El nivel de los corredores es muy alto… creo que por eso todos son fuertes: porque cuando vas a casa después de una carrera, te dices a ti mismo “no soy uno de los mejores del equipo”. Entonces ves que tienes que entrenar más duro, esforzarte más. Así es el deporte profesional.

Tal vez por ello, hace apenas unos días, el belga no dudó  en lanzarse a por el triunfo en la segunda etapa de la recién finalizada París- Niza. En una jornada en que el mal tiempo había imperado en la “carrera del sol”; Philippe Gilbert, acostumbrado al duro clima de su Valonia natal, protagonizó la escapada del día con un valiente ataque a 20 kilómetros de meta.

Allí, camino a Amilly, intentó lo imposible: luchar sólo contra el frío, contra el viento, y contra un pelotón tan diezmado como obcecado en convertir el desenlace de la etapa en un sprint masivo. No obstante, tras catorce kilómetros de persecución fratricida, se acababan las opciones de Gilbert de conseguir su primera victoria en la ronda francesa.

Aún así, el recital del QuickStep Floors no había hecho más que empezar. Y es que los de Lefevere han cuajado una sobresaliente actuación en la Paris-Niza, con Dan Martin como tercer clasificado, y Julian Alaphilippe y David de la Cruz como ganadores de sendas etapas.

Entretanto, el otro gran icono del equipo, Tom Boonen, reaparecía en Tirreno-Adriático tras su caída en la Omloop Het Nieuwsblad, en la que Gilbert terminó en decimotercera posición. Hasta la fecha, no ha habido por tanto opción de ver a ambos finalizar juntos una carrera desde que son compañeros de escuadra. Tal vez la Milán-Sanremo nos brinde esa ocasión.

Fue una lástima que Boonen se cayera en Het Nieuwsblad. Todavía no conozco el equipo de Milán-Sanremo, no sé si la hará o no, pero espero correr con él lo antes posible.

Y es que Gilbert no duda en deshacerse en elogios hacia su otrora ex-rival y ahora compañero Tom Boonen.

Con Tom siempre es fácil. Es un gran corredor, pero además sabe lo que quiere y sabe lo que tiene que hacer. Es un verdadero líder, habla en las reuniones y siempre está motivando al grupo.

A Tom Boonen le quedan apenas semanas en activo, pues mediado el mes de abril la histórica Paris-Roubaix será testigo de las últimas pedaladas como profesional del genio de Mol. Mientras, a sus 34 años, Philippe Gilbert seguirá luchando por cumplir sus sueños, por conseguir esas clásicas que le faltan. Por volver a ser el corredor imbatible que un día fue.

Fuente: Cyclingweekly

Imagen: Pinterest

Sprint Final, Virginia Barriuso (@Vicki_BT)

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