¿Es el futuro del ciclismo cosa de Italia y Dinamarca?

Los últimos Campeonatos del Mundo, celebrados en Bergen, nos han dejado una imagen para la historia. Esa no es otra que la de Peter Sagan celebrando su tercer arcobaleno consecutivo en lo alto del podio. Pese a que un día después de que esta preciosa ciudad noruega dijera “hasta luego” al mundo el eslovaco está en todas las portadas, esta entrada sirve para dar protagonismo a las perlas del futuro. Unas perlas, que según lo visto esta pasada semana pueden venir de una renacida Italia y una cada vez más fuerte Dinamarca.

 Antes de nada, creo que no es necesario aclarar que son dos países con una historia ciclista totalmente distinta. De nada sirve que la capital danesa, Copenhagen, acogiera los primeros Mundiales de la UCI -no profesionales- en 1921. La historia de estas pruebas es bastante más clara si tomamos los números como referencia. Y mirándolo desde ese prisma, Italia puede considerarse como la gran dominadora histórica, un logro que mantendrá aún unos años aunque no consiguiera medallas.

Pero repito, estamos aquí para hablar del futuro. Ese punto posterior al actual en el que lo realizado atrás, si no ha sido espectacular -como el triplete de Sagan-, no servirá de nada. Y es extraño, que en el regreso de los Mundiales a Europa veamos a dos selecciones que durante los últimos años han tenido un desarrollo tan distinto copen el medallero de las categorías inferiores. Si, durante los últimos años los daneses han sorprendido al mundo, mientras que los italianos han tocado fondo.

Porque sí, que desde la incursión de las pruebas junior -casualmente en Copenhagen 2011-, la selección de Dinamarca se había llevado 15 medallas. Hasta entonces, en casi un siglo, solamente tenían 10. Por su parte, Italia quedaba atrás, con 11 preseas que sabían a poco comparadas con sus 124 anteriores. Bergen 2017 ha servido para confirmar que los daneses vienen fuerte y que Italia parece despertar de su letargo de los últimos años. Sin embargo, esto no asegura nada en el futuro.

Dejando de lado el oro y el bronce de Amalie Dideriksen en los dos últimos Mundiales, la última medalla de Dinamarca en una prueba élite se remonta a Geelong 2010, de la mano del icónico Matti Breschel -plata-. Las posibles razones, bastante claras. En categorías inferiores, poder salir al exterior y tener calendarios de nivel marca mucho más la diferencia. Y en ese apartado, Dinamarca destaca con sus 6 equipos Continentales, centrados exclusivamente en el desarrollo, incluso con juniors en sus filas.

Italia, por su parte, perdió durante el pasado invierno su última escuadra WorldTour, al transformarse el Lampre-Merida en UAE Abu Dhabi. Este hecho hace más difícil el salto al profesionalismo para un joven italiano. Sin embargo, mantienen estrechos lazos con muchos equipos (Bahrain-Merida, Astana o el mencionado UAE Abu Dhabi), por lo que aún tienen un margen de maniobra. Y por si fuera poco, una de las canteras más profesionalizadas del Viejo Continente, que además tiene en su calendario dos de las pruebas sub23 más internacionales.

En definitiva, es pronto para pensar en el futuro de estos dos países en el ciclismo internacional. Dinamarca puede establecerse como una potencia durante la próxima década. Italia puede regresar a sus épocas doradas, como el no tan lejano triplete de Mundiales entre 2006 y 2008 -dos de Bettini y uno de Ballan-. O puede pasar todo lo contrario. Al menos, nos llevamos de los últimos Mundiales una idea clara: la historia no te regala nada; la buena planificación, si.

Imagen destacada: Simon Wilkinson/SWPix

Sprint Final. Eriz Fraile (@TxoriTorete1197)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.