Dan Martin: Una crónica de amor-odio con las Ardenas

Aunque siempre se encuentra dando guerra en carrera y optando a la victoria, podría ser simplemente un ciclista más del montón para aquellos aficionados esporádicos al ciclismo, ya sea por su tímido carácter o por el palmarés que no está a su altura, teniendo en cuenta lo que podría haber hecho. Dan Martin es un ciclista combativo, cabizbajo, generoso en el esfuerzo y un gran escalador. De hecho, el año pasado en el Tour, si no hubiera tenido la caída que provocó Richie Porte, hubiera podido estar en el podio en los Campos Elíseos sin grandes problemas.

Pero más allá de su papel con el objetivo de hacer un nuevo top-10 en la Grande Boucle, el irlandés persigue un objetivo que ha tenido tantas veces tan cerca que quizá empieza a pensar que nunca lo volverá a lograr. Pese a solo contar con una victoria en La Doyenne de 2013, Martin es un auténtico enamorado de las Ardenas.

La manera de luchar la posición, las carreteras estrechas, los repechos constantes y empinados como a él le gustan; combinados con sus características de corredor explosivo, excelente escalador y con una alta resistencia hacen una mezcla óptima para vencer en territorio valón. El destino, que le encasillaba con las clásicas celebradas en el famoso bosque de las Ardenas, parece que se equivocó y es que los motivos por los cuales no ha podido estar en el cajón más alto del podio han sido varios y múltiples y no todos hacen referencia al rendimiento deportivo.

Sin ir más lejos,la Flèche Wallone y la Liège-Bastogne-Liège de este año han reflejado con exactitud la mala suerte del corredor en la mayoría de las ediciones de estas clásicas. En la primera, se cayó y cuando intentó reincorporarse al grupo ya se rodaba demasiado rápido y no tuvo opciones. En el cuarto ‘Monumento’, sufrió un pinchazo cuando se encontraba en el grupo de cabeza en el momento decisivo de la prueba. Su reacción al infortunio fue clara y contundente, echándose las manos en la cabeza sin acabar de dar crédito a lo que acababa de suceder.

Pero, cuando ha tenido buenas piernas y la suerte le ha acompañado, solo ha podido recoger el trofeo al primero de los mortales. Alejandro Valverde le ha batido sin problemas, como el año pasado, donde fue segundo en las ambas clásicas. Dicen que cuando deseamos una cosa desesperadamente, se forma una relación de amor y odio a la vez. El amor por aquello tan preciado que queremos obtener y el odio, por no poder tenerlo, impotencia.

De momento, esperemos que Dan Martin siga amando las Ardenas, que entienda que al fin y al cabo el destino de una clásica es imprevisible. Pero tranquilos, el gran Albert Einstein afirmaba: “Dios no juega a los dados”, que traducido al argot ciclista sería algo así como que “el mejor acabará ganando por ser el más fuerte”. Lo más irónico y desmotivador, Dan, es que Einstein se equivocaba; y no lo digo yo, lo dice la mecánica cuántica. Pero dejémosla de lado, una analogía con el ciclismo sería devastadora para el aficionado; ya me entienden…

Imagen destacada: Sunada

Sprint Final. Arnau Soler i Sales.

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